Locales

JÓVENES RECIBIERON SACRAMENTOS

El padre Héctor Martínez, fue designado por el obispo para llegar a pueblos alejados e impartir comunión y confirmación.

Devoción/El Padre Héctor Martínez oficiando su primera misa en Santa Ana, ante una capilla llena.
Devoción/El Padre Héctor Martínez oficiando su primera misa en Santa Ana, ante una capilla llena.

SAN PEDRO (Corresponsal). Niños y adolescentes de las localidades de Santa Ana y de Caspalá recibieron el sacramento del bautismo, de la comunión y de la confirmación, impartido por el padre Héctor Martínez, quien luego de ser designado por el obispo César Fernández se trasladó hasta aquellos lejanos poblados, ubicados casi en el límite entre los de Humahuaca y de Valle Grande. Cabe destacar que en la zona no hay un sacerdote residente, por lo que la llegada del obispo o del sacerdote una vez al año, genera todo un movimiento en los pintorescos parajes rurales, que se visten de fiesta para vivir este encuentro.

Partiendo desde San Pedro de Jujuy, el párroco de San Andrés Apóstol arribó a Humahuaca y desde allí comenzó el ascenso por un sinuoso camino, la ruta provincial 73, que llega justamente hasta Caspalá. Fueron más de diez horas de viaje y cuando caía la noche, la comunidad ya esperaba al sacerdote para la celebración de la misa, en la cual niños y adolescentes recibieron la primera comunión y confirmación.

La primera misa se ofició poco antes de la media noche en Caspalá, donde por gracia de Dios, una vez finalizado el oficio religioso, el pueblo quedó a oscuras, por el habitual corte de energía eléctrica que se extiende por espacio de trece horas. A pura vela, se compartió una cena y luego el descanso para partir a tempranas horas hacia la localidad de Santa Ana, por un serpenteante camino de profundos precipicios.

Al llegar a Santa Ana, las ancianas llegaron primero a recibir al sacerdote, luciendo sus tradiciones atuendos, mantas con vivos colores tejidas con maravillosas formas. Luego llegaron los niños que iban a recibir el bautismo, la comunión y la confirmación, también vestidos de gala para la especial ocasión.

En Santa Ana, el padre Héctor también experimentó el calor humano, la alegría de la gente que se manifiesta de mil maneras cuando ven llegar al sacerdote. «Uno piensa en esa canción que dice es hermoso ver bajar de la montaña los pies del mensajero de la paz, y uno se siente eso, un mensajero de buenas nuevas, que vienen a escucharlos, a reconfortarlos, a compartir con ellos todo lo que sea posible.

Cuando llega el momento de volver, regreso con mi alma y mi corazón enriquecidos, siento que aprendí mucho más, siento que ese encuentro me ayuda a crecer, me hace feliz el haber compartido con los hermanos más necesitados».

Agregó que si bien es hermoso compartir con las familias, poder disfrutar de la confianza y ver cómo se abren al sacerdote y les cuentan sus tristezas sus alegrías, sus necesidades, sus preocupaciones, hay un poco de tristeza porque son pueblos muy lejanos y que tienen muchas carencias, en lo que respecta a salud, a educación, entre otras.

«Agradezco a la comunidad de la parroquia San Andrés, porque comprenden que no hay nada más hermoso que dar desde la pobreza, en estos pueblos escondidos en medio de los cerros, la gente me recibe una vez al año, mientras que yo estoy todos los días con mi querida comunidad y me reconforta saber que va comprendiendo que lo importante es poder llevarle la presencia de Dios a esos hermanos y hasta me compalan en estas experiencias de vida».

En otro párrafo el sacerdote indicó que desde hace tres años, monseñor César Daniel le hizo el pedido para llegar a esas comunidades, ya que el padre Fernando Ortíz no podía ya hacerlo por razones de salud.

Fuente: El Tribuno